martes, 23 de diciembre de 2025

Felicitación familiar navideña. 2025-2026

Como cada año, hay dos textos. En el primero hay algún cambio respecto a años anteriores, pero viene a significar lo mismo: «Domus Torrijos-Van Schoor vobis Felicem Christi Nativitatem et Annum Novum Faustum 2026 exoptat». Vaya, el deseo familiar de compartir una Feliz Navidad y un próspero año 2026, pero en latín. 

La frase de este año es más una apuesta para ayudarnos en las crisis —que seguro que en algún momento nos acecharán— que la tradicional propuesta de reflexión.

«Everything will be alright in the end 

so if it is not alright it is not the end»

Cuya traducción sería: 

«Al final, todo acabará bien, 

y si no acaba bien es que aún no es el final»


Para evitar confusiones con la autoría —que en Internet hay mucho bulo—: pertenece a Deborah Moggach , autora de la novela en que se basó la película «El exótico Hotel Marigold» dirigida por John Madden en 2011. 

Se trata de una historia de las relaciones entre un grupo dispar de jubilados ingleses —ellas con matices muy interesantes— y un emprendedor hindú enamorado que es el que la repite a lo largo del film. Por si os planteáis verla: es cariñosa y la segunda parte, que la hay, también.

Otras frases de la misma película que me gustaron fueron:

    • «Si no sé pronunciarlo, no quiero comerlo»,«Este mundo es nuevo y distinto, el reto es adaptarse a él. Y prosperar»,
    • «A veces, lo que acaba pasando es mejor que lo esperado»,
    • «El único fracaso de verdad es no llegar a intentarlo. Y el éxito se mide por la forma en que afrontamos la decepción, que siempre llega» y
    • «No hay ningún pasado que podamos recobrar simplemente anhelándolo: sólo un presente que se va formando y avanza a medida que el pasado retrocede».

Para concluir, ahí va una versión más completa de esta frase, que se repite casi al final de la película: 

  • «Es cierto que la persona que no arriesga nada no consigue nada, no tiene nada. Lo único que sabemos del futuro es que será distinto, pero quizá lo que tememos es que todo siga siendo igual. Por eso debemos celebrar los cambios, porque, como dijo alguien una vez, al final todo acabará bien y si no acaba bien es que aún no es el final».

A nivel de materiales: sigo sin aprender y he vuelto a insistir utilizarndo tinta con plumillas en un papel granulado de acuarela. O sea, problemas. Pero no aprendo y por eso no todo ha quedado tan limpio como pretendía. Pido disculpas (y no, no es sólo a vosotros; me las pido sobre todo a mí, por necio).

Este año, aunque empecé con un formato tipo DIN A4, finalmente me pasé a un papel de 30 x 17 cm. Por variar. El resto, como siempre.



Y, como siempre también, empecé a imaginarlo a principios del otoño y aquí estoy, que casi no llego.

Como cada año, la idea ha sufrido variaciones a través del tiempo, como puede verse en algunos de los muchos bocetos en los que me entretuve. 




Al principio, incluso, introduje una mitra representando a Sint Niklaas, que sería el equivalente a los Reyes Magos para los niños en Flandes, pero finalmente lo desestime y coloqué un mochuelo con un significado simbólico también a nivel familiar.




El resultado final, para bien o para mal, o para ambos:


Y ahora quisiera añadir algunos detalles a nivel de símbolos:

Como en otras ocasiones, hay dos árboles. Esta vez son un naranjo, que representa el Mediterráneo y un acebo, especie típica de más altitud y lugares más septentrionales. Pero, siendo dos, son uno, porque comparten, en la parte inferior las raíces y en la parte media una rama. Precisamente en la que está posada un ave: un mochuelo. No una lechuza, ni un búho; un mochuelo. Se llama Noctiluco, que en latín significa «lo que tiene luz en la noche» (en biología se aplica a ciertas especies marinas bioluminiscentes, Noctiluca scintillans, y, por extension, a la luciérnaga europea, Lampyris noctiluca) y esta Navidad ha hecho una excepción, porque suele vivir lejos, en el Bosque, y suele posarse en las ramas del roble mas anciano, del que ya ni siquiera nadie recuerda su nombre.

 

Y ahora, sí, de nievo: Feliz Navidad a todas y todos.


Y que el Año 2026 no se acabe el mundo (es broma).


Ferdinandus, d. s., en el primer decanato de Capricornio del 2025 A. D. con la Luna comenzando su cuarto creciente.




miércoles, 6 de agosto de 2025

Carta Victoriana para celebrar un embarazo

 Llevo un tiempo sin publicar. Y no, no es sólo que esté poco activo —que también—, sino que mis últimos trabajos han sido cosas familiares y contenían nombres y datos que entiendo que no deben circular alegremente. Este también es familiar pero, dado que se limita a iniciales conocidas únicamente por los allegados, y con su permiso, me he decido a publicarlo.

Se trata de una forma de plegado conocida como «carta Victoriana» con la que felicitábamos a unos futuros padres.


1. Los bocetos

Los primeros son de marzo y la acabé en junio. En esos meses, más de una noche se me ocurrió una idea nueva que me hizo descartar lo que había estado trabajando durante días anteriores y cambiar los elementos que incluía. Algunas imágenes finalmente no aparecen y otras las modifiqué bastante, así que muestro nada más los más significativos, realizados en la primer quincena de abril.






2. Las pruebas

El trabajo me asustaba un poco por la complejidad de tener que combinar los elementos de ambas caras, por lo que decidí, a partir de un plegado idéntico con fotocopias de bocetos, realizar una simulación que me permitiera no tener muchas sorpresas desagradables cuando pusiera todo en limpio. Si estás pensando en hacer algo parecido, te lo aconsejo



3. El proceso

Aquí creo que cometí un error motivado por el miedo a esa dificultad derivada de la variedad de dobleces. Le pedí a mi esposa, que es muy pulida haciendo estas cosas, que realizara el plegado antes de comenzar el trabajo, para tener perfectamente claro, más allá de trazos con lápiz de los distintos apartados, los límites de cada sección. El plegado quedó perfecto, pero trabajar con el papel ya doblado supuso roces en las aristas. 

Tras pasar los bocetos al original, lo primero que hice fue poner en tinta el texto interior, que debía marcar los límites en el conjunto.



Se trata de un poema del poeta y filósofo libanés Khalil Gibran (1883-1931) titulado «Los hijos» y dice así:

«Vuestros hijos no son hijos vuestros,
son los hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma.

Vienen a través vuestro, pero no de vosotros,
y aunque os acompañen, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos,
pues ellos tienen los suyos propios.

Podéis hospedar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas habitan en la mansión del mañana,
que no podéis visitar, ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos,

pero no intentéis hacerlos semejantes a vosotros,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Sois el arco del que vuestros hijos, como flechas vivas, son lanzados 

(.…)
Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo,

ya que así como Él ama la flecha que vuela, ama también el arco 

que se mantiene estable».

Por cierto, en el trabajo se lee de dentro hacia afuera, para dar una sensación de salida a un mundo exterior.


4. El trabajo completo

Por no alargarme con pasos intermedios, me limito a mostrar el resultado final, empezando por cómo se mira el trabajo cuando se entrega.

Los materiales han sido los habituales: el papel, fabricado a mano por Garzapapel con barbas a los cuatro lados en formato 30 x 30 cm., acuarelas, tintas y, en algún caso, algún rotulador para perfilar. 

El papel de la encuadernación también está hecho a mano.


4.1. La encuadernación

Aquí confié en las manos de mi esposa que, como he dicho, es mucho más pulida que yo en muchos aspectos. Y menos mal, porque fue complejo, sobre todo para hacer el hueco interior a base de paneles de corcho recortado.

Lo primero que se ve son dos objetos, una caja y un libro, forrados con un papel rojo decorado con motivos florales en granate. El librito es un texto con la explicación del simbolismo de cada uno de los elementos de ambas caras para el matrimonio, así que no merece la pena comentarlo.

Al abrir la caja aparecía, en el lado derecho, una estructura cuadrada con un hueco en el centro en donde se alojaba la caligrafía. Para facilitar su extracción había una cinta roja.




4.2. El trabajo plegado

En la parte anterior están la iniciales de sus nombres.


En la posterior, desde donde se practica la apertura, fragmentos de la orla exterior de frutos rojos.


Tras extraer el triángulo que la mantiene cerrada, las iniciales aparecen acompañadas de los fragmentos de una orla con frutos rojos 


mientras que en la parte posterior los higos que forman parte de la orla interior y, en los cuatro triángulos, los elementos significativo de la cara exterior. 


4.3. El trabajo extendido

Finalmente, una vez desplegada del todo la caligrafía, así quedaban:

La cara exterior, con las iniciales rodeadas por un texto en latín, cuya traducción sería: « Un día lo supimos: vamos a ser padres. Un día nos dijeron: vais a ser abuelos y tíos. Y empezó para todos un tiempo de adaptación creativa para construir nuevas identidades desde las que vivir a la aventura. Y en ello estamos», y los cuatro elementos citados


En la interior se observan por primera vez las hojas y frutos de tomateras rodeando el poema de K. Gibran que rodea, a su vez, unas segundas iniciales. 


Em ambos caso, alrededor de las cenefas hay unos degradados en los colores correspondientes.


Ferdinandus, d.s. Aunque la caligrafía se terminó antes, no se acabó de encuadernar y finalizar todo hasta el tercer decanato de Cáncer del dosmilésimo vigésimo quinto A. D., bajo el influjo de la Luna.