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miércoles, 11 de diciembre de 2024

Felicitación familiar de Navidad de 2024-2025

 Como cada año, hay dos textos: el de siempre: «Domus Torrijos - Van Schoor desiderat vobis Natale Hilare et Annum Faustum 2025» que viene a decir que os deseamos una Feliz Navidad y un próspero año 2025, pero en latín… 

Y la frase propuesta para la reflexión, que este año es: 

«Lo que pasa es que crees que tienes tiempo», sobre la cual no creo que haga falta ninguna consideración.

A nivel técnico y de materiales esta vez he cambiado papel y formato: he optado por uno de acuarela de 20 x 20 cm. y 270 gr. marca AQUARI, fabricado con algodón y lino por Sastres Paperers al Molí de la Farga de Bañolas.

Respecto al proceso: ha sido de risa, la verdad. Empecé con los bocetos en septiembre —posiblemente influido por la contundencia del texto elegido— y luego repetí este trabajo cinco veces. Cinco. 


Tras un primer intento que emborroné, en la segunda versión no acerté con el grosor de la plumilla en el texto inferior. 



En la tercera, decidí eliminar este texto y hacer más altas las hierbas, pero me pareció entonces que los márgenes eran estrechos. Y tampoco me convencía cómo quedaba el naranjo.



En la cuarta me equivoqué en la distribución y finalmente, en la quinta, amplié los márgenes, volví a incluir el texto inferior, bajé la altura de las hierbas y modifiqué el diseño del naranjo. Y decidí dejarlo así porque ganas de seguir, tenía.



Y ahora, como novedad, comentaros que este año me he preocupado del «mensaje» que, como entiendo que está un poco oculto, me gustaría explicaros.  

Porque, desde mi agnosticismo, he intentado representar los tres comienzos místicos del calendario cristiano, que no siempre coinciden con el litúrgico.

El primero es de la Natividad de Jesús, un ciclo astronómico que comienza en el solsticio hiemal, alrededor del 21 de diciembre y que celebra el principio del fin de la oscuridad, tras la noche más larga del año. Este inicio se comparte con los nacimientos de otros dioses como Krisna, Horus, Zoroastro o Mitra. 

En nuestra felicitación está representado por las gamas oscuras de los verdes y la rama de acebo, en la parte superior, y el naranjo, así como la felicitación navideña en diversas lenguas que lo rodean. Es el reflejo de la Navidad, del Anno Domini o Año del Señor (A. D.).

Los otros dos, próximos al equinoccio de primavera en términos astronómicos —del equilibrio entre día y la noche, la luz y la oscuridad— son el Anno Dominus Incarnationen, que celebra la encarnación de Cristo —«se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1:14)— y el Anno Gratiae relacionado con el calendario luni-solar judío y la celebración de la Pascua. Sus lógicas: el comienzo del ciclo ha de coincidir, bien con su Encarnación, bien con su Resurrección (si eres o has sido católico, no necesitas explicaciones; de no ser así, serían largas y no se trata de dar demasiado la turra).

A nivel de imagen, fijaos como en el centro desaparecen el rojo y el verde oscuro y dominan los verdes más luminosos, con un degradado del oscuro hacia el claro, del invierno a la primavera.

Dominando el nivel inferior el naranjo citado cargado de frutos sobre una base de hierbas y flores: se cierra el círculo, al ser una fruta invernal pero fijaos que no tiene la copa redondeada, sino que, junto con su tronco y las raíces expuestas, conforma la imagen de un cáliz, que recordaría la Última Cena. 

Se proyecta así la Natividad hacia los otros dos posibles comienzos de año.

Acompañándolo, «Feliz Navidad» escrito en distintas lenguas: las familiares: español, catalán y flamenco y —en lenguas modernas— otras de  diferentes áreas en las que se desarrolló un arte cristiano que aún persiste en iglesias, catedrales y basílicas, entre otras técnicas. Tanto en Occidente —románico, gótico, renacentista o barroco— como en Bizancio, representado por el griego y el ruso, las dos facciones más importantes de la Iglesia ortodoxa.


Un abrazo.


Ferdinandus, d.s. Finalizado el 17 de noviembre, en el tercer decanato del signo de Escorpión, bajo el influjo de Venus, del duomilésimo vigésimo cuarto A. D.


viernes, 5 de junio de 2020

A de Andrea en tonos verdes

Siempre hay cosas que se tienen claras desde el principio —aunque luego pueden cambiarse— y también están las dudosas. En ese caso, nuestra duda fue si utilizar un tono de verde o dos. Andrea y yo coincidíamos en el color adecuado, pero también veíamos interesante la combinación, así que finalmente nos decidimos por ambos. Los elegidos fueron las acuarelas Verde brillante nº 551 y Verde permanente nº 553 de Schmincke.
El papel utilizado —un día de estos, cuando se acabe, ya probaré otro— fue un Garzapapel para acuarela de 300 gr. de 20 x 20 cm y barbas a los cuatro lados. 

El dorado ha seguido dándome algunos problemas. Con ganas de lograr un buen volumen, primero apliqué la típica pasta de relieve de La Pajarita brillante pero, al secarse, se hundía en la zona central, a pesar de que le di dos capas.

Después, como base para dorar, he utilizado el Instacoll System Base de la casa Kölner, que me funciona muy bien sin otro producto posterior. 

Y hubo también un segundo problema con la pasta de relieve que no fue grave, pero cuyo resultado no era el que pretendía. Esta pasta me ha ido siempre muy bien mezclada con la tinta Escarlata de Winsor & Newton pero, al mezclarla con otros colores —la tinta Verde también de Winsor & Newton y los verdes 551 y 553 de las acuarelas Schmincke— el resultado fue un tono verde oscuro muy homogéneo, donde no se notaban las diferencias cromáticas de los colores originales.
Es lo que apliqué para resaltar las frutillas que esta vez, a diferencia de la G de Godelieve, no tenían ramitas que los unieran a los tallos de las hojas. 
Ferdinandus, d.s. Finalizado en el segundo decanato de Géminis del Anno Dominice Incarnationis de MMXX.

viernes, 28 de febrero de 2020

G de Godelieve en tonos azules 2. La inicial

El papel utilizado ha sido, como es habitual, un Garzapapel para acuarela de 20 x 20 cm que, como siempre, me parece muy bonito pero en el que la plumilla fina se atranca que es un contento. Aunque hay alternativas.

Tras los primeros trazos —para horror de los puristas, prescindí de la plumilla que se atranca y utilicé un rotulador de gel de 0,38 mm de MUJI, que es mi preferido para escribir— fijé los límites del dorado, que en este caso han sido unos simples filetes laterales, los cubrí con una capa de pasta de relieve de La Pajarita y, cuando estuvo bien seca, le superpuse el Kölner Instacoll System Base. 

Una hora después, estaba listo para aplicar el pan de oro con un palillo de las orejas, ya que utilizando este producto no hace falta pulirlo después.

Luego los azules. Para la letra utilicé el gouache Azul cobalto Nº 512 de Talens mezclado previamente con pasta relieve satinada para darle un poco de volumen y brillo. Para las hojas usé la acuarela Schimincke Ultramar 443.

Los pequeños frutos, en un principio, había pensado en hacerlos granates, pero, tras consultar con la parte femenina de la familia, estuvimos de acuerdo en que sería mejor centrarse en la gama azul, así que busqué un tono más oscuro para diferenciarlos: la Calligraphy Ink  Azul oscuro de Winsor & Newton. 

Y, para finalizar, un toque con un puntito blanco en cada uno. Por cierto, me repito pero, para conseguir volumen… añadí a la tinta un poco de pasta relieve La Pajarita satinada.
Y esto es todo por ahora.
P.S. Tengo aquí que reconocer que, cuando finalicé la decoración con las hojas, estuve a punto de dejar la G tal cual y no añadir los frutos. Pero me pudo la curiosidad, ¿el resultado? Va en gustos.


Ferdinandus, d.s. Finalizado en el primer decanato de Piscis, el vigésimo séptimo día del mes de febrero del Anno Dominice Incarnationis de MMXX.

viernes, 24 de enero de 2020

R de Raquel

Mi momento de reflexión preferido es la noche. Pero la noche noche, no esa noche aguada de antes de irme a dormir. Y prefiero las ideas autónomas, las que me asaltan,  más que las que voy a buscar. Me gusta sorprenderme de vez en cuando en alguna de esas innumerables veces que ando despierto aunque, he de reconocerlo, la mayoría se han perdido cuando intento recordarlas a la mañana siguiente.
Hace poco tuve una de ellas. Llevaba tiempo sin practicar caligrafía —a excepción de la cita obligada con la felicitación familiar navideña— e incluso me había planteado dejar aparcada la afición durante un tiempo porque me sentía un poco desganado y esa noche, de pronto, me vino una idea a la cabeza: hacer una inicial para mi sobrina Raquel, la hija mayor de mi hermano Carlos. Pienso en ella de vez en cuando, pero nunca había tenido la necesidad de decirle algo de esta manera; y ahora la tenía. 
Aunque soy de tardar, a la mañana siguiente estaba enredando, buscando ideas; y lo que a veces me ha costado semanas ahora iba apareciendo con una fluidez a la que no estoy acostumbrado y en poco tiempo tenía decidido cómo iba a ser. Y ha sido.
Pronto pergeñé el primer esbozo, aunque ahora, visto el final, creo que no tuve en cuenta un detalle: lo ejecuté como si se tratara de una capitular a utilizar acompañando un texto, así que no centré la inicial en el conjunto, sino que la situé más hacia la derecha. Una sandez, porque desde el principio la había asumido como una inicial independiente.

De ahí a los siguientes —ninguno es nunca es el definitivo, cuando comienzo a trabajar con el último vuelven a surgir cambios— fue cuestión de unos días y, poco después ya había elegido el papel (mi típico Garzapapel para acuarela de 300 gr. y 20x20 cm. con barbas a los cuatro lados), la gama cromática y todo lo demás.

Por cierto, un segundo problema apareció al disminuir el tamaño, ya que perdía detalles respecto al boceto original y además, al ser el papel tan grueso, no pude utilizar la mesa de luz para pasarlo a limpio.
Mis problemas con el dorado persisten, pero voy enredando. Para conseguir un poco más de volumen, esta vez, recurrí a la pasta de relieve La Pajarita diluida en agua caliente antes de aplicarla. 
Una vez bien seca, le añadí una capa de base de Kölner Instakoll y, una hora después, iba añadiendo el pan de oro. A ver cuándo consigo que me quede totalmente liso.


Luego acabé de perfilar los contornos.
Para el color, una combinación de acuarela Verde Permanente nº 553 de Schminke y gouache para caligrafía Goldpearl en tubo de la misma marca.
Para concluir, los pequeños frutos rojos que, como siempre, tienen volumen; lo consigo aplicando con pincel una mezcla de la pasta de relieve citada a la que añado la tinta Scarlet / Calligraphy Ink de Winsor & Newton, que me parece preciosa. De todas formas, siempre me apetece poner un puntito blanco en cada uno. Me parece que quedan mejor.

Por cierto, pensaba repasar con plumilla y engrosar un poco las “ramas”, pero, aceptando el consejo de mi hija, decidí dejarlo tal y como estaba; daba una mayor sensación de sutileza. En el texto/dedicatoria he dejado, así mismo, los tonos casi transparentes a veces.

Ferdinandus, d.s. Finalizado en el primer decanato de Acuario, el vigésimo tercer día del mes de enero del Anno Dominice Incarnationis de MMXX.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Dos consideraciones sobre el orden

A nivel de texto: 
Serva ordinem et orto servabit te. Guarda el orden y el orden te guardará.
El Orden es un tema fascinante sobre todo para quien, como yo, tiende irrefrenablemente al caos: desde el nivel social, político o laboral al simple desempeño de las labores cotidianas parece, de un lado, imprescindible mientras que, de otro, entiendo que puede ser agobiante. 
A nivel intelectual, el Orden tampoco es tan unitario como parece: hay quien distingue entre el Orden Estático y el Orden Dinámico —esa diferencia entre quien se obsesiona por que cada cosa esté “en su sitio” y quien trabaja mejor en medio de un aparente caos que no le impide saber dónde tiene, en cada momento, lo que necesita—. Y luego está el Orden Personal, porque ¿quién define cuál es “el sitio” correcto para cada cosa?
Así que la frase, resumiendo una filosofía que me parece muy defendible, me parecía demasiado rígida. Entonces, esa parte íntima de mí que tiende al desorden se rebeló y recordé otra frase, complementaria, y que me ha servido de muletilla y estímulo desde hace tiempo: La tristeza es la ausencia total de desorden.
Por cierto, he escrito esta frase es tal y como yo la recordaba pero, buscando entre mis notas —en algunas cosas no soy tan desordenado— encontré la original, que es más interesante: “El origen de la tristeza es la falta absoluta de desorden”; el autor es Antonio Dyaz y aparece en un articulo titulado “Las virtudes del desorden”, cuya lectura recomiendo. No la cambié porque la caligrafía ya estaba a medias. 
En cuanto a la imagen: 
Empecemos reconociendo las inspiraciones: la “L” es una variante —de hecho, acabó pareciéndose poco, pero he de reconocer el origen— de una inicial un tanto caótica, pero hermosa, que encontré en un manuscrito precioso de la Biblioteca de la Universidad de Basel (Basel, Universitätsbibliothek, AN II 3 f. 85r); la orla inferior, a su vez, es una variación —bastante mediocre, por cierto— de la que realizara esa magnífica artista que es Olga Lavka Titivillusa para adornar el acabado del rabo de un “d” en un texto (no tengo más referencias, lo siento). 
El proceso:
No sé cuantos bocetos he hecho de la bendita “S”. Alguno lo he utilizado para un trabajo familiar; los demás los he guardado como recuerdo de hasta dónde pueden llevar las dudas.




La inicial también ha sufrido variaciones, incluso de color, aunque aquí no las consigne. Una de ellas me pareció desequilibrada.


Otra la utilicé para hacer el trabajo, pero tampoco acabó de gustarme y además presentó dos problemas, por lo que lo dejé sin finalizar:
  1. En la parte inferior coloqué un árbol que descompensaba todo, tanto formal como cromáticamente, y
  2. Dejé para el final añadir el dorado, la masilla para dar relieve al rojo tardó en secar más de lo previsto y ensucié la inicial al apoyar el pan de oro. Maldito desorden.

El árbol, por cierto, tras diversas modificaciones en el boceto original, me esta sirviendo para otro quehacer con una temática absolutamente diferente. Pero de eso ya hablaremos.


P.S. Por cierto, el ligero relieve que incluso añado a algunas letras, lo consigo con la pasta de relieve de La Pajarita —la versión satinada— pero nada más me ha funcionado bien con la tinta roja Calligraphy Ink de Winsor & Newton.


Ferdinandus d.s. Finalizado bajo el tercer decanato de Libra, el vigésimo día del mes de octubre del Anno Dominice Incarnatinonis MMXIX.

jueves, 12 de julio de 2018

No somos más que el tiempo que nos queda …

Karmelo C. Iribarren (n. 1959) es un poeta que ha sido otras cosas —fontanero, camarero en una residencia de ancianos, tabernero en la parte vieja de San Sebastián …— así que algunos de sus poemas se impregnan de ese aire poco académico que a mí tanto me gusta. 
«Un día bueno», se titula éste, y creo que pertenece a Las luces interiores. 
Dice así:

No somos más
que el tiempo que nos queda
caminando hacia el olvido 
que seremos.
Es duro, pero es así.
El resto, literatura.
Lo mejor
es no pensarlo mucho:
seguir andando, 
tomar cafés, enamorarse,
ver la lluvia….

La realización ha sido desastrosa, en serio. Muy entretenida también, tengo que reconocerlo. Ya empecé con el boceto de unas iniciales que no acababan de convencerme, el papel tampoco ha colaborado porque las plumillas rascaban, el diseño me ha adelantado por la derecha y el sistema de trabajo ha sido un poco eficiente: un error seguido de una equivocación y luego vuelta a empezar. 

Al final, con alguna chapuza de esas que es mejor evitar, creo que he conseguido que nada se note demasiado. 
Para darle algo de volumen a las iniciales, por ejemplo, utilicé una nueva pasta de relieve —o como tal me la vendieron, no citaré la marca por si es que no la utilicé como debía— que no acababa de secar nunca y a partir de ahí, hala, a recorrer el caos. 
Al final, lo único decente, me temo, es el poema de Iribarren, al que aprovecho para felicitar y pedir disculpas al tiempo.

Entretanto: Me dejo de literatura; no lo pienso mucho —más me vale, porque sólo me faltaba empezar a darle vueltas—; sigo andando, aunque sin premura; tomo café —descafeinado, una vergüenza, lo sé—; sigo enamorado —por llamarlo de alguna manera, aunque no es un concepto que me defina— y espero — a ver si mengua un poco este jodido calor — ver también la lluvia alguna de estas tardes, pero sin que llegue a diluviar, claro, porque, visto lo que ha caído por ahí, menuda ilusión y sólo falta que encima me coja a descubierto.
A ver si me pongo las pilas, vuelvo a practicar, me deslío un poco y hago algo más digno, aunque muchas ganas, la verdad, no tengo.

Ferdinandus d.s. Publicado bajo el tercer decanato del signo de Cáncer, el duodécimo día del mes de julio del Anno Dominice Incarnationis MMXVIII.


domingo, 1 de abril de 2018

Un nuevo árbol familiar. El limonero que me pidió Andrea.

Éste es el resultado casi final del trabajo. Faltan todavía algún pequeño retoque y, sobre todo, los nombres la familia a la que va dedicado (por respeto a su intimidad).
Como novedad, he vuelto a trabajar con pergamino de cabra, lo que me ha supuesto bastantes quebraderos de cabeza con la acuarela, el gouache, el aplicador para el pan de oro, la tinta aplicada con plumilla y todo lo demás, ya que es muy fino, se ondula con la humedad y tiene limitaciones con las que aún no he aprendido a lidiar. Tendré que practicar más.
Respecto a los bocetos, como suele suceder, he introducido algunos cambios: la filacteria se ha alargado con adornos en sus dos extremos y, para la unión entre el tronco y la copa he utilizado tres ramas, en referencia no sólo a los miembros de la familia, sino porque deseaba representar una runa nórdica, concretamente la denominada “Algiz”, que remite, entre otras cosas, a la actitud de protección.

Para el fondo he utilizado el azul en degradado representando el anochecer, con puntos blancos en la zona superior, a imagen de las estrellas, y dorados en la inferior, en una especie de alegoría de las luciérnagas hembras, símbolos de la plenitud del verano. 
Como elemento de comunicación entre la tierra profunda —lo ctónico, representado por las raíces— y el cielo —hacia el que se eleva el limonero—, el manto de la tierra —lo telúrico— como un lugar poblado de hierba de donde despegan las citadas luciérnagas. 
Finalmente, una división temática y cromática separada por dos hojas y una orla de hojas y frutos del roble similar a la que cierra por la parte superior. 
Tras ella, el poema de la poetisa estadounidense Ella Wheeler Wilcox (1850-1919) que tanto le gusta a Andrea. Esta es su traducción:
Un barco navega hacia el Este
y otro hacia el Oeste,
impulsados por el mismo viento que sopla.
Es la posición de las velas,
y no los vientos,
lo que determina dónde se dirigen.
El formato es de 42 x 22 cm. aproximadamente.

Ferdinandus d.s. Publicado el Domingo de Resurrección, bajo el signo de Aries de 2018 A.D. y 2019 A.G.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Felicitación familiar de Navidad. 2017. “Nada mejor que una mezcla de flaquezas”.

Nada mejor que una mezcla de flaquezas para atemperar la arrogancia humana. Ellas nos dan la lección justa para que no nos ensañemos con el prójimo, porque muy a menudo somos nosotros quienes merecemos el castigo. Cuando, iracundos, condenamos, nos llaman suavemente la atención y nos aconsejan dulzura en voz baja.


La frase me impactó en su momento; la había encontrado en el tercer volumen de la Trilogía de Salterton, de Robertson Davies, y la caligrafié, allá por abril de 2016 —http://ferdinandusscripsit.blogspot.com.es/search?q=flaquezas —, pero la inicial no me acabó de convencer nunca. Pensé que la frase se merecía otra más acorde. 

Luego, sin prisas, fui buscando la frase original, dado que la única referencia que daba Davies era “Halifax”. Y por fin lo encontré; supe así que éste era el título del marquesado que ostentaba el autor, cuyo nombre era Sir George Saville y que el texto citado se encontraba en la páginas 30-31 de su The Lady’s New-years Gift or Advice to a Daughter, publicado en 1688.
Hoy la repito, con nuestros mejores deseos para todos vosotros.

El original, ahora caligrafiado, dice así: 
Nothing softeneth the Arrogance of our Nature like a Mixture of some Frailties; it is by them we are best told that we must not strike too hard upon others, because we ourselves do so often deserve Blows: They pull our Rage by the Sleeve, and whisper Gentleness to us in our Censure, even when they are rightly applied.

No es, o al menos no lo parece, un mensaje navideño, pero pensamos que sí es un buen propósito para empezar un nuevo ciclo anual: elegir la humildad como ideal de comportamiento y la autocrítica sensata como método para ser un poco más empáticos con los demás. Tener el coraje de mirarnos a ese espejo que son los que nos rodean antes de arrojar la piedra o pronunciar la palabra hiriente. 


El comienzo, como es habitual, está escrito en latín y su significado —¿evidente?— es: 

La familia Torrijos - Van Schoor 
os desea una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 
2018. 

Pues eso, muchísimas felicidades, a disfrutar en familia… y a ser un poco más humildes, que todo ayuda en esta vida.

En su nombre, 
Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Sagitario de 2017 A. D.

P.S.1. Para quienes tengáis tiempo y ganas de un poco de lectura, las reflexiones sobre esta frase, que escribí en su momento a continuación, se encuentran en: http://ferdinandusscripsit.blogspot.com.es/2016/04/de-la-humildad-como-virtud-reflexiones.html 

P.S.2. Ya no os aburro con datos técnicos; si alguien está interesado en algún material o proceso concreto del trabajo, quedo a su disposición en los comentarios del blog para darle respuesta. Señalar, eso sí, que los dorados conseguidos con el gouache de Schminke y la tinta de Winsor and Newton no se diferencian tanto como esperaba y que, al fotografiarlos, han perdido su brillo (es porque aún no sé iluminar, que conste).

martes, 16 de mayo de 2017

Para mis hijo e hijas: Rememorando “El Señor de los Anillos”

En 1937 J. R. R. Tolkien, profesor de anglosajón en Oxford, empezaba a escribir The Lord of the Rings. Nuestros conciudadanos de aquel momento, ajenos a las peripecias de la Tierra Media, se masacraban en una guerra fratricida. Y es que los mundos paralelos son incontables, y sus posibles relaciones, curiosas. Entre 1954 y 1955 se publicarían los tres volúmenes de la saga. Luego llegó la fama y la popularidad.

Yo la conocería más tarde. Me la había recomendado encarecidamente una amiga norteamericana y a finales de los setenta me hice con ella en la edición de Minotauro; después vendrían El hobbit y El Silmarilion. Durante años se movieron conmigo de un domicilio  otro, luego durmieron plácidamente en una estantería. Me hice mayor. 

A partir de 2001 se estrenaron las versiones cinematográficas de Peter Jackson. Lo recuerdo como una explosión; las adaptaciones previas habían pasado sin pena ni gloria, pero esta llegó para quedarse. Yo también había cambiado: era padre de un hijo y de dos hijas de 10, 8 y 6 años. Y Tolkien y la Comunidad del Anillo volvieron a entrar en casa; pero por la puerta grande.

Mis hijos también crecieron aunque, en su adolescencia, más de una vez repetimos juntos el visionado activo, llenando cada silencio con nuestros comentarios.

Como ya expliqué en el post sobre los bocetos —http://ferdinandusscripsit.blogspot.com.es/2017/04/mi-prole-y-la-comunidad-del-anillo.html  —, cuando mis hijos volvieron a la carga no puede resistirme. Y estos son los resultados. Como ellos: iguales… pero diferentes. 

En cuanto a las tipografías, he combinado letras y textos en tangwar —textos en negro, cada uno relacionado con cada uno de mis hijos, y los caracteres que aparecen en las cuatro esquinas—, en antiguo élfico —el texto en rojo se corresponde, con variantes, al del anillo que descubre Frodo y que consta en la página 77— e incluso caracteres Feänorianos —los que aparecen en el arco superior, una adaptación del que propio Tolkien dibujaría para ilustrar La Comunidad del Anillo —y que aparece en la página 433—.

Bajo este arco, que he decorado en la parte superior con hojas y en la inferior con tres hojas doradas, he sustituido la corona original por el ourobos doble, de los cuales uno es dorado y el otro lleva el color correspondiente a mi hijo o a cada una de mis hijas.

Flanqueando el arco, las iniciales de los otros dos hermanos. Flanqueando las raíces, nuestras iniciales, situadas en la misma posición para nuestras hijas, pero invertidas en el caso de nuestro hijo.
El resto de comentarios posibles forma parte del ámbito familiar.

Ferdinandus, d.s. bajo los signos de Aries y Tauro