miércoles, 14 de octubre de 2015

El Árbol del Conocimiento. Versión 2.

Para está versión he utilizado el mismo tipo de papel, también granulado aunque con una textura diferente, barbas a los cuatro lados y tono crema. El formato sigue siendo el DIN A4.
El diseño del árbol fue prácticamente el mismo que en la versión anterior, pero cambié por completo la serpiente, a la que le di una forma de espiral hacia el interior.

He limitado la gama de colores y he trabajado con acuarelas y con tinta roja. La idea de romper tradiciones y hacer el árbol en azul se la debo a mi esposa, más moderna —o menos condicionada por la tradición— en algunos aspectos que yo. Tuve problemas para la elección de tonos con la serpiente, ya que hubiera deseado hacerlo todo en azul, pero no destacaba lo suficiente.

No me han acabado de convencer los frutos en dorado (12, como siempre); en cambio, la idea de invertir los colores entre el tronco y la raíz y el degradado en la “toma de tierra” me ha gustado. 
A las letras hebreas les di algo de volumen y brillo. El resultado es muy mejorable pero también seguiré experimentando.

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Libra.

lunes, 12 de octubre de 2015

El Árbol del Conocimiento. Versión 1.

No es la primera vez que trabajo con el tema del Árbol. Si Dios quiere, no será la última. Me he sentido siempre atraído por su simbolismo: sus formas, sus números, los primeros vestigios de ofidiolatría en la tradición judeo-cristiana, la génesis del dragón vinculado al conocimiento y la naturaleza recuperado después en el ciclo artúrico… El árbol, siempre recordado.
En el Génesis no se habla de uno, sino de dos: el del Conocimiento (עֵץ הַדַּעַת טוֹב וָרָע) ampliado a “del Bien y del Mal” y el de la Vida —éste último también presente en otros sistemas míticos—. Adán y Eva tenían prohibido comer del primero, ya que hacerlo les permitiría entender la existencia del segundo y, si comieran también de sus frutos, alcanzar también ellos la divinidad.
La historia siempre me ha parecido inquietante por varias razones: en mi juventud despertó mis primeras suspicacias frente a un Dios que jugaba con unas reglas que ni entendía ni compartía; después observando la persistencia de la defensa de la ignorancia como fuente de felicidad (creo recordar que era la secta de los nestorianos la que tenía como lema, para alcanzar la plenitud, el “ignota nulla cupido”, la ausencia de deseo de lo desconocido); finalmente, al entender ciertas inquinas de la religión contra la ciencia. 
Pero lo que siempre me atrajo más fue su idea de Utopía suprema: tras la expulsión de Adán y Eva, Yahvé no destruye el Paraíso: simplemente pone como guardianes a unos querubines para impedirles a ellos y sus descendientes que regresen, coman los frutos del Árbol de la Vida y se conviertan, de esa manera, en Dioses.

A nivel “técnico”, con esta primera versión tuve diversos problemas (no me acababa de gustar la forma de enroscarse la serpiente, metí la pata con el dorado de los frutos…). Tantos fueron que opté por tirarlo y hacer un trabajo nuevo. Pero me dije que no debía rendirme, que los errores están para aprender y que por ahogados, al río. 

Y a base de correcciones y chapuzas, he logrado un resultado más o menos —aunque más menos que más— decente. 

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Libra
P.S. El tema del árbol, del que este trabajo es complementario, lo he tratado también, por ejemplo, en:  http://ferdinandusscripsit.blogspot.com.es/2012/02/oracion-de-la-serenidad-boceto-de-la-s.html 


jueves, 8 de octubre de 2015

Anneli & Manuel

Normalmente me tomo las cosas con calma. Entiendo la caligrafía como una actividad terapéutica y una práctica del movimiento Slow
Pero esta vez no ha sido así, aunque he de reconocer que me ha venido bien trabajar un poco bajo presión, sin tiempo para divagaciones y ensayos múltiples. 
Ha sido, además, una actividad familiar. La idea surgió de mi esposa, cuando nuestro hijo mayor, que ha pasado unos días en casa, le pidió consejo porque quería llevarles un detalle a una pareja especial. Yo me animé enseguida con la propuesta y empecé a trabajar en el diseño. Mi esposa fue también la que propuso que hiciéramos algo que incluyera unas tapas para mejorar la presentación y nuestras hijas colaboraron con sus opiniones. En fin, un brainstorming de familia en toda regla.
El problema era el tiempo; esto se decidía el jueves por la noche y nuestro hijo tomaba el avión a primera hora del lunes. Se necesitaban bastantes horas y había pocos días. El viernes ya estaba realizado y corregido el primer boceto, ya que en principio había diseñado una A y una M entrelazadas que me gustaban, pero al colocarles el resto del texto me parecieron muy “delgadas”, así que tuve que realizar un segundo ensayo y “engordarlas” un poco.



Los materiales los adquirimos en Raima, en Barcelona. Guillermo eligió tres papeles artesanos; para el texto, una hoja de 21 x 21 cm. aproximadamente, en un acertado tono crema; para la cubierta de la encuadernación un papel realizado con hojas de plantas de un tono azul grisáceo precioso —en la fotografía no se percibe, pero al natural es posible observar algunas nervaduras— y, para las guardas, un marmoleado con tonos rojizos, ambos que combinaran con el azul cobalto y rojo de las iniciales.
De la encuadernación de las tapas se encargó mi esposa, que tiene mejor mano que yo, dado que el papel era difícil de trabajar por su relieve y su delicadeza.  




Las minúsculas son una variación, elongada, de la tipografía Claudius, aunque las iniciales son un tipo de Rotunda.

Para acompañar los nombres opté por una frase de El persa, de Plauto (254 a.C. - 184 a. C.) que ejemplifica perfectamente la relación entre la capacidad de Amar y de Ser: “Nihil est qui nihil amat”  (Nada es —o vale— quien nada ama).


Tuvimos poco tiempo y quedan algunos pequeños errores —el dorado con símil de pan de oro aún no lo tengo dominado— pero acabamos satisfechos. Hacía tiempo que no participábamos en algo concreto todos juntos… y ese ha sido un regalo extraordinario.

Ferdinandus, d.s. Bajo el signo de Sagitario

miércoles, 7 de octubre de 2015

Soy del Sur. Reflexiones. 2. Amor y Libertad.

Muy importante; básico, vaya. Si todavía no conoces el pensamiento del profesor Bellavista plantéate dedicar un tiempo a leer a Luciano de Crescenzo. De él están tomadas las ideas que siguen. 
Pero vayamos, como siempre, por partes.
El profesor Bellavista es un personaje de ficción —o eso supongo— ideado por De Crescenzo como una especie de alter ego. El personaje es un profesor de filosofía retirado que discute con sus amigos sobre todo lo discutible en su piso de Nápoles, que invierte su tiempo en reflexiones y vida social y que combina en sus opiniones, de forma magistral, la sensatez con la poesía.
En su cosmovisión, la humanidad suele dividirse en dos bandos, siempre curiosos y atípicos: entre los que se duchan y los que se bañan (él es de los segundos); cuando llega la Navidad, entre los arbolistas (que le dan, sobre todo importancia a la Forma y al Poder) y los belenistas; en la oficina, entre los que ya les está bien el café de máquina y los que no pueden pasar sin ir tomarlo al bar cercano (hermosísima, su apología del café de cafetería). Y la que aquí nos ocupa: entre los que optan por la Libertad —que él define como “a un mismo tiempo, deseo de que no nos opriman y deseo de no oprimir”— frente a los que escogen el Amor como eje de sus vidas. 
El Norte y el Sur, en su caso circunscritos a Italia: los primeros representan más a los milaneses, los segundos, a los napolitanos. 
Para explicar su particular teoría recurre a un plano de coordenadas cartesianas dividido en cuatro cuadrantes donde cada cuál ha de situarse o situar a sus congéneres. En este sistema, el eje vertical marca la oposición entre la Libertad y el Poder; el horizontal, entre el Amor y el Odio. Y cada uno ha de situarse en un punto que marcará no sólo la relación entre dos elementos predominantes, sino la intensidad de cada uno de ellos. (Op. cit. pág. 148)

Como ejemplo, él mismo nos ofrece su opinión sobre personajes históricos conocidos situándolos en los distintos cuadrantes (Op. cit. pág. 153)

Y ahora viene la aportación que a mí me pareció magnífica: la dicotomía Norte/Sur, en vez de formularla como una oposición, él la estructura en el primer cuadrante (arriba a la derecha) y la positiviza: las personas pueden ser más partidarias de la Libertad (Norte) o del Amor (Sur), pero la parte de humanidad a la que él se refiere está tan alejada del deseo de Poder como del Odio (cuadrantes dos, tres y cuatro). 

Los más adictos a la Libertad (A) se sentirán más del Norte, serán más individualistas, más “emocionalmente distantes” —lo cual no significa que sean menos solidarios o más fríos, no nos equivoquemos—, con tendencias a la introversión y a valorar, por encima de otras consideraciones, su privacidad. 
Los más vinculados al Amor, al Sur, se dejarán llevar más por su corazón; sus amigos serán como de la familia —lo cual no significa que sean siempre fiables, como la familia— y su casa estará generalmente abierta, aunque a menudo vacía por su tendencia a disfrutar de los espacios públicos compartidos.
A1 y B1 tendrán características similares a A y B pero sin tanta intensidad. Representarán, en cada caso, un aspecto vital más “mediocre” —sin implicaciones peyorativas, por favor— de cada opción.
Y como propuesta ideal: el camino de en medio (C), el equilibrio, la tendencia a la equidistancia entre razón y emociones, entre privacidad y socialización y, si es posible, vivida intensamente. El punto C1 representará, en caso de existir, al “ni Sí ni No sino todo lo contrario”, al tibio por excelencia y además, sin brío; aunque innegablemente, también buena persona.
Y tú, independientemente de dónde hayas nacido o dónde vivas ¿dónde te colocarías? ¿en qué cuadrante? ¿cómo son tu pareja o tus amigos? Si eres capaz de responderte con honestidad, quizás encuentres algún motivo nuevo para reflexionar sobre tu vida.
Referencia bibliográfica: DE CRESCENZO, Luciano.— Así habló Bellavista. Nápoles, amor y libertad. Madrid, Mondadori España, S.A., 1987. 
¡A leerlo y a disfrutarlo, que merece la pena!

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Sagitario.

martes, 6 de octubre de 2015

Soy del Sur. Reflexiones. 1. Gemeinschaft und Gelleschaft

Esto es, en estos momentos, más que una afirmación, un deseo. Porque ser, lo que se dice ser, creo que soy más del Norte. A pesar de que a veces me pese.
Pero vayamos por orden y hagamos algo de historia y un poco de reflexión. 
Gemeinschaft  y Gelleschaft: Difíciles de recordar, estas dos palabras alemanas se traducen como “comunidad” y “sociedad”. Pero desde 1887, año en que el sociólogo Ferdinand Tönnies escribió un libro titulado así, se convirtieron en términos antagónicos que representaban dos formas distintas de entender las relaciones sociales.
Simplificando mucho la teoría de Tönnies, la GemeinschaftComunidad— sería una forma de asociación en que el individuo se siente, ante todo, parte de un grupo. Éste orienta su vida, le provee de pautas morales y a su bienestar supedita sus decisiones personales: una familia tradicional podría servirnos de ejemplo positivo; en su aspecto negativo, la Mafia sería un buen referente. En este tipo de organización destacan las relaciones personales y es rica en expresión emocional. Sus aspectos más negativos tienen que ver con el amiguismo, la fijación de las desigualdades o la tendencia al inmovilismo, entre otras muchas. Quién eres está definido, en gran medida, por la filiación, y tu lugar social depende no sólo de quién eres, sino de a quién conoces.
La GelleschaftSociedad—, en cambio, sería una forma de asociación donde lo que cuenta es el individuo. Para que nos entendamos, forma el sustrato de algunas bases del liberalismo político, o del moderno Estado del Bienestar. Es más frecuente la movilidad social y se premian virtudes como el trabajo y el autocontrol. En el lado oscuro, un nivel más alto de soledad, la tendencia al perfeccionismo y el exceso de burocracia.
Y ahora, o reconozco, salimos del terreno de la ciencia para entrar en prototipos, lugares comunes e, incluso, prejuicios. Pero es que se trata de reflexionar, no de pontificar, y los ejemplo tienen eso: son limitados y generales. Así que, una vez advertidos, vamos allá.
Para los primeros lo importante son los lazos comunitarios; para los segundos, las normas y leyes consensuadas. En unos predominarán los sentimientos; en los otros, la racionalidad; aunque sin exclusivismos, obviamente.
En el fondo, todas las sociedades humanas combinan ambos conjuntos de características, pero en unas predominan las primeras y en otras las segundas.
Si generalizamos, aunque esto nos fuerce a perder matices, podríamos decir que la Comunidad — Gemeinschaft— predominaría en los países del Sur; en el Norte, en cambio, predominaría la Gelleschaft .
Es la primera aproximación a la dicotomía Norte/Sur. Al Norte —generalizado mucho, y como lugar común—  se encontrarían los países de base religiosa protestante, metódicos, respetuosos, silenciosos, frugales, generalmente desarrollados, con democracias consolidadas; el estado eficiente. Al Sur predominarían el catolicismo —ojo, como cultura, no forzosamente como sistema de creencias—, la alegría, el compadreo, los amigos, la casa abierta… pero también el amiguismo y las recomendaciones, el caciquismo, la ineficiencia. 
En el Norte, el tiempo es un bien escaso —“el tiempo es oro”—, la puntualidad una exigencia y la gente suele vivir estresada; en el Sur es la suma de momentos en que nos socializamos, la base para trabajar amistades, para relacionarse. Eso sí, no esperes, si quedas a una hora, que la gente llegue a tiempo. 
En el Norte los espacios más importantes son los privados —la casa, incluso el estudio donde se trabaja—; en el sur los públicos —el bar, la calle—. En el Norte los problemas son personales y, por extensión, del Estado. En el Sur, algo a compartir con familia, amigos y hasta vecinos. 
En el Norte primaría la introversión —aunque los norteamericanos hayan hecho del “cómo tener amigos” casi una obligación moral— y en el Sur la extroversión —aunque tengamos en nuestra historia místicos de la talla de Santa Teresa o San Juan de la Cruz o gente que toca la guitarra como Paco de Lucía—.
Son las diferencias de formas de vida —con sus pros y sus contras— que podemos encontrar entre un ciudad de Suecia y el Caribe, para que nos entendamos.
Dos aclaraciones finales: Una, como ya he comentado, Norte y Sur son sistemas de calificación genéricos relacionados con formas de socializarse, que no siempre se corresponden con latitudes geográficas ni a climas específicos, aunque haya ciertas coincidencias. Por ejemplo, Irlanda es un país más sureño que algunas regiones de España. O, en la Italia meridional, a los habitantes de Turín o Milán los consideran tan del Norte como a los alemanes.
Dos. El Norte y el Sur, como arquetipos, nunca aparecen de forma pura. Hasta en las sociedades más racionalistas existen las emociones —y funciona la publicidad— y en las más sentimentales se trabaja frecuentemente con elecciones racionales —excepto en política en tiempos de crisis— y, al menos en algunas personas, es normal un cierto grado de sensatez.
Ser del Norte, o ser del Sur es, por tanto, adscribirse —prioritariamente, insisto, no de forma exclusiva— a un sistema donde predomina lo que Tönnies denominaba la Gemeinschaft o a otro donde lo hace la Gelleschaft. Con sus ventajas y sus inconvenientes. Con sus beneficios y con sus riesgos. Y es, hasta cierto punto, una decisión personal, siendo la suma de la mayoría de esas decisiones la que conforme las relaciones sociales.
Por eso decía, al comienzo, que la afirmación de ser del Sur es, en mi caso, más la formulación de un deseo que una realidad. A pesar mis necesidades emocionales, que tengo como cualquier hijo de vecino, de mis deseos de ser del Sur —como esos alemanes que sueñan en venir a vivir, jubilados, a Mallorca o a Andalucía, y no sólo por las playas o el clima— he sido siempre poco sociable, puntual, introvertido —casi intimista—, dado a quedarme en casa y poco amigo de juergas.
Hay una visión más interesante en esta “confrontación”: la que adjudica al Norte la predominancia de la Libertad —entendida como, “a un mismo tiempo, deseo de que no nos opriman y deseo de no oprimir”, según el Profesor Bellavista— frente al Sur, en que predominaría el Amor. 
Pero de esto ya hablaré en la próxima entrada, dedicada a este curioso y entrañable personaje.

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Virgo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Soy del Sur

Noto que voy haciéndome mayor. Lenta, pero inexorablemente. Un detalle: cada vez leo menos cosas nuevas. Si no tengo referencias fiables, o tengo el libro en las manos y lo hojeo con detenimiento, me cuesta trabajo abrir un novela o un ensayo que no conozca. En cambio, hay una serie de libros en casa —y alguno en la biblioteca que hay cerca— que he leído una y otra vez. No de principio a fin, sino por partes. Tomo uno de ellos, lo abro y comienzo a leer; me detengo de vez en cuando, reflexiono, comparto a veces pensamientos. Luego, cuando considero que ha sido suficiente, lo cierro y lo coloco de nuevo en la estantería. Y otro día haré lo mismo con otro libro. 


De vez en cuando leo a De Crescenzo. Disfruto de las opiniones de uno de los personajes de sus obras, el profesor Bellavista. Y este verano, con la canícula apretando y cierto desasosiego general, me dio por caligrafiar simplemente una frase que era, más que una afirmación, un deseo: Soy del Sur. Con muchas reflexiones detrás; porque, en realidad, me siento más del Norte, aunque a veces me duela. 


Empecé con ilusión, cometí errores de bulto, no me gustó para nada el resultado. Comencé de nuevo. Cambie el diseño y la decoración, elegí tonos más pastel para los decorados, introduje un Sol. Volví a dejarlo en el cajón. 

Hace poco lo recuperé y me decidí a acabarlo, aunque sigue sin ser lo que esperaba. Esta vez parece que sí, que he sido del sur. 

Ferdinandus, d.s. Bajo el signo de Virgo.