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viernes, 28 de febrero de 2014

D inicial y fragmento de orla




Siempre me han gustado las iniciales decoradas, incluso decoradas en exceso. Y, casualidad o cuestión de sincronías —que diría mi amigo Tomás— ha coincidido un cierto alejamiento de la decoración colorista —momentáneo, esperando a atreverme con la acuarela— con el descubrimiento del rojo “Escarlata” de Winsor & Newton, que es la tinta que he utilizado en este trabajo.

La plumilla es una de mis viejas Montgolfier Nº 172 y el papel, muy curioso, una muestra de 14x20 cm, 180 gr. y color marfil que me enviaron de la casa Garzapapel. Por cierto, es un papel para grabado, no para plumilla, pero me ha funcionado muy bien.



La elección de la D no es gratuita: la he trabajado para utilizarla más tarde  en la caligrafía de un poema de Fernando Sabino que me ha enviado una amiga.

Para la decoración utilicé, como puede observarse, una espiral de tres puntos.

Ferdinandus, d.s.

viernes, 14 de junio de 2013

Caminante, reflexiona


Caminante, reflexiona.
No siempre coinciden el lugar donde crees ir y al que de verdad te
diriges. Procura que no te venza el desasosiego.
El camino más corto no suele ser el más tranquilo ni el más 
hermoso. Deja, pues, que te guíen la serenidad y la belleza.
Y que la prisa por llegar no te prive del gozo del Camino, porque el
final es igual para todos, y el futuro sólo Dios lo conoce.

Walker, reflects.
Not always match the place where you believe to go and the place that you are really going. (...)

Este uno de esos trabajos pendientes desde hace tiempo. 
Allá por el mes de marzo estaba dándole vueltas a la necesidad de encontrar el “tempo” —lento, por cierto— y, en un momento dado, me puse a escribir intentando sintetizar lo que estaba sintiendo. 
El resultado fue esta frase, que aún hoy expresa lo que sentí en aquel momento. 

De ahí a caligrafiarla había sólo un paso... que acabo de dar, aunque haya tardado.

Ferdinandus, d.s.

domingo, 26 de mayo de 2013

Tómate tu tiempo - Take Your Time


Esa cosa llamada estilo sobre la que tanto insisten es sólo un error que nos conduce a dejar un rastro personal.
                        Orhan Pamuk (1998). Me llamo Rojo  
Algunas consideraciones:
1. Ni siempre tenemos el tiempo libre que deseamos, ni siempre lo utilizamos bien. Por ejemplo, deseaba finalizar este trabajo para felicitar el Año Nuevo de Gracia —ya sabéis, aquel que empieza a contarse no desde que Jesús nace (Anno Domini, A. D.), sino desde que es engendrado (Anno gratia, A. G.)—, pero no he podido terminarlo hasta ahora. 
La idea, sugerente, viene de una costumbre medieval de organizar el tiempo y comenzar el año en un momento en el que coinciden la Encarnación, el año astrológico —el ciclo comienza bajo el signo de Aries— y el equinoccio de primavera. Precioso.

2. Sigo dándole vueltas a la relación de la caligrafía con el movimiento Slow. En mi caso es casi de manual: me relaja, me permite llevar mi ritmo, me acerca a esa soledad acompañada que tanto temo perder. Por eso tenía ganas de volver a un dibujo sobre un caracol que fotografié en la Selva Negra y combinarlo con la última orla.

3. El blanco; he descubierto el color blanco. Sin buscarlo. Llevaba tiempo esperando algo nuevo y hace poco vi un cuadro de tonos exageradamente pastel. No me gustó mucho, pero vi claro que tenía que recuperar el color blanco, que tenía olvidado. 
4. Las cosas, a veces, se tuercen. Mi primera opción era sobre un papel con textura; lo colores me gustaban, pero la plumilla corría mal e hice una pifia que lo estropeó. Cambié a un papel satinado y la pluma ha ido bien, pero los colores ya no son como antes. 

5. Dando un vistazo a mis pocos trabajos llego a una conclusión: no tengo estilo. Y lo curioso es que no me preocupa; releer a Pamuk también relaja.

Ferdinandus, d.s.


viernes, 22 de febrero de 2013

Orlas basadas en hojas y acantos


Sigo muy ocupado y utilizo el lápiz y el papel como evasión o como encuentro, depende de cómo se mire. Cuando el estrés aprieta necesito relajarme, hacer un paréntesis, descargar tensiones. 
Un método que a mí me sirve es dibujar. Ir siguiendo la línea, perseguir el trazo, borrar, corregir, tirar lo hecho a la papelera y empezar de nuevo con la idea ya más perfilada. Las veces que haga falta.
Me dedico, entonces, a hacer trabajos cortos, preparaciones para otros mas complejos. 
Como dibujar orlas y dejarlas listas para cuando las necesite. 
El método es sencillo. Reviso mis archivos en busca de algún ejemplo que me guste, luego elijo un tema y lo modifico a mi gusto (mi imaginación nunca alcanzará la de cientos de profesionales a lo largo de siglos).
De las tres siguientes, la primera está basada en uno de los márgenes de Das Narrenschiff  (La nave de los locos), un libro antiguo del que ya he hablado en alguna ocasión y que puede descargarse de la página web de la Biblioteca Digital Mundial.
Las otras dos están basadas en unos grabados del Oceanica Llaffis de Fernando el Católico de 1494 (no recuerdo cómo ni dónde las conseguí, simplemente las conservo).

En esta última he modificado un ligeramente unos apuntes de hojas de acanto que tenía, los he combinado sobre una base de círculos, y aquí está el resultado. 

Lo utilizaré pronto para complementar otro dibujo, de un caracol, que realicé hace mucho tiempo y que también espera en la carpeta de posibles y futuros.

Ferdinandus. d.s.

sábado, 6 de octubre de 2012

Un trabajo para mis padres: Los abuelos

A los padres siempre se les debe mucho. Este es un trabajo en que la pericia queda muy lejos del cariño.

Lo he tenido dando vueltas casi un año. Partía de un poema que encontré en una tienda de artesanía —titulado, precisamente, “Los abuelos”— y de unas fotografías que hice hace un par de años a una especie de roble en el Parque Nacional de Ordesa para utilizar como motivo en una orla. 

Una L capitular cadeaux tomada del extraordinario calígrafo del siglo XVI Vespasiano Amphiareo (y sin su maestría, claro está) parecía terminar el ejercicio, pero iba haciendo bocetos, dándole vueltas, y no acababa de gustarme. 

Después, mientras pasaban los meses, rehice el motivo de la orla, encontré otra L capitular más sencilla, y esbocé variantes del diseño original. 



Cuando ya estaba mas o menos claro, y con ese deseo de complicarme que me es tan propio, se me ocurrió aprovechar para hacer mi primer ejercicio de dorado con imitación de pan de oro. 


El resultado, lo reconozco, está entre lo lamentable y lo patético, y es que eso de ser autodidacta tiene algunos problemas de envergadura. Buscaré información, pediré ayuda y volveré a intentarlo.
Positivo: me he decidido a practicar con el pincel fino y le voy encontrando las posibilidades de las que había oído hablar.
Ahora sólo aguardo un viaje para ver a mis padres y llevárselo en nombre de su nieto y nietas. Y espero que no sean demasiado exigentes.

Ferdinandus, d.s.


martes, 10 de julio de 2012

Orlas con motivos naturales. 1. Pluma de urraca.


Suelo fotografiar —y ahora también he comenzado a dibujar— los elementos más variados que encuentro en mis salidas al campo: setas, hojas, insectos, flores y frutos... Siempre me han maravillado las pequeñas cosas, los detalles, la variedad de las formas, la infinidad de colores . 
Ahora quiero empezar a utilizar mis ejercicios de caligrafía, también, como una forma nueva de acercarme a la naturaleza. Necesito aprender a verla de otra manera, intentando captar y fijar algunas de las cosas que llaman mi atención. 
Tengo el convencimiento de que, a medida que lo vaya consiguiendo, iré aumentando mi capacidad de atención en el bosque, disfrutándolo aún más intensamente.
En uno de mis últimos paseos encontré una simple pluma de urraca. Me pareció una obra perfecta en su sencillez. A partir de un dibujo, marcando más o menos la curva de la caña y colocándola en distintos ángulos, he intentado montar diferentes posibilidades para hacer una orla. 


Ferdinandus, d.s.


sábado, 30 de junio de 2012

Queríamos hacer lo mejor... VII y final. Omnia venit.


Omnia venit... Todo llega.
No logro hacerme con la tinta dorada. He utilizado la Brillant Flüsssigbronzen de la casa Hobby Line —que removía constantemente— , y la he aplicado con una plumilla fina —una Montgolfier Nº 172, que tenía que limpiar cada dos pasadas porque se atrancaba—. El aspecto positivo es que, a pesar de todo, he logrado mantener la calma.
Si alguien puede darme algún consejo sobre materiales, técnicas o cualquier otra cosa que me permita trabajar mejor, le estaré agradecido.
Al escanear el texto, de todas formas, se ha perdido por completo el color en la imagen que, además, era más color bronce que dorado. Lo lamento. 

Ferdinandus d.s.

jueves, 28 de junio de 2012

Queríamos hacer lo mejor... VI. Casi terminado


Se confirma mi hipótesis: una cosa es cómo te imaginas que va a quedar algo y otra muy diferente cómo queda, sobre todo si eres amateur. Las tonalidades agrisadas no me son muy propias, pero me ha gustado trabajarlas. 
He tenido problemas con la Q inicial; demasiado pequeña —me di cuenta tarde— y además puse una capa gruesa de gouache y luego dibujar encima con tinta blanca me resultó difícil, ya que se ensuciaba la plumilla.
Ahora sólo me falta añadir el dorado, que será abundante. Seguro que vuelve a sorprenderme el resultado final.

Ferdinandus d.s.
(continuará)

sábado, 23 de junio de 2012

Queríamos hacer lo mejor... V. Recomponiendo el destrozo


Parece que la cosa se va arreglando. Volví a dibujar la orla, con algunos retoques. Ahora sólo me queda colorearla. He hecho algunas pruebas de color y no encuentro ninguna que me convenza —lo cual, conociéndome, tampoco es nada extraño—. 
Intentaré algo diferente; una de las pruebas que me ha resultado interesante ha sido con los colores azul, verde y algo de rosa mezclados con gris para rebajarles la viveza.
He rescatado también de un cajón un frasco de tinta verde esmeralda de Winsor & Newton que llevaba guardada casi un siglo y cuyo color no se parece ya al de la imagen que la anuncia. La utilizaré combinada con gouache.
Y creo que pondré dorado, también en tinta —algún día tengo que decidirme a trabajar con pan de oro y gesso, pero aún me faltan pulso y trabajo—. Aunque es posible que quede un poco excesivo.
Saldrá lo que saldrá. Las cosas, si no se ponen a prueba, nunca se sabe si funcionan.


Ferdinandus d.s.
(continuará)

martes, 19 de junio de 2012

Queríamos hacer lo mejor... III. Orla en blanco y negro


Uno sabe cómo empieza las cosas, pero no como las acabará. Y la caligrafía es como la vida misma. Después de varios intentos con variantes que no acabaron de convencerme, finalmente opté por éste. 
No coincide con lo que me había imaginado, pero no me importa. Podría mejorarlo, pero quiero imponerme la disciplina de hacer y dejar de lado una hipotética perfección para aquellos que sean perfeccionistas (si a alguien le interesa esta filosofía, lo remito a un post que a mí me aclaró la perspectiva cuando lo leí, y que procuro recordar cuando noto que hace falta: http://www.optimainfinito.com/2010/01/el-consejo-de-los-viernes-bastante-bien-significa-bastante-bien.html)

Ferdinandus, d.s.
(continuará)

lunes, 18 de junio de 2012

Queríamos hacer lo mejor... II. Preparando la orla


Hace unos días empecé haciendo dibujos preparatorios para lo orla y poniéndolos en limpio. 
Alguno, posiblemente, no lo utilice, ya que los primeros esbozos me parecen un poco recargados... y eso que yo soy de recargar.
He tenido que corregir el diseño principal, ya que marqué los límites teniendo en cuenta los ejes de las hojas, pero al dibujarlas asimétricas, los sobrepasaban por encima y debajo, alternativamente. Por eso añado el corregido, que he dibujado más grande.
También realicé el boceto de la inicial capitular, que no es una “X”, aunque lo parezca, sino una “H” en alfabeto cirílico.


Ferdinandus, d.s.
(continuará)

lunes, 20 de febrero de 2012

Oración de la Serenidad. Primeros bocetos.

Voy a comenzar un nuevo trabajo. Se trata de los primeros párrafos de la Oración de la Serenidad, y he comenzado a hacer bocetos. El primero en el que estoy trabajando es en el de la “S” capitular y, dentro de ella, pensaba colocar un árbol con un pergamino enrollado al tronco. Empecé copiando de algunos elementos arquitectónicos que había fotografiado hace tiempo, pero finalmente decidí hacerme una plantilla. Ahí van algunas ideas. El modelo que utilizaré finalmente será el de la derecha. A la izquierda, el mismo a partir de la plantilla.



viernes, 20 de enero de 2012

La cerveza es la prueba viva ...

Me decidí a hacer este blog el pasado septiembre. Me faltaba práctica, el pulso y la vista ya no eran lo que habían sido, y este primer trabajo en meses no me salió como quería —y que conste que no pedía maravillas—, pero me animó a seguir. Pido disculpas por ello a los amantes de la cerveza.
El tema no resultó difícil de elegir: siempre he tenido una deuda cariñosa con algunos blogs cerveceros.
Fueron ellos los que me descubrieron el potencial de la Red para encontrar informaciones curiosas gracias a las aportaciones de gente con ganas de compartir. Nunca había entrado a un blog, estábamos preparando un nuevo viaje familiar a Bélgica —país de magníficas cervezas— y esta vez quise estar a la altura, porque una cosa es haber leído y reflexionado sobre las relaciones entre cerveza y cultura y otra conocer anécdotas sobre las cervezas de abadía —sólo existen siete trapenses—, saber qué es una triple o en qué consiste la fermentación espontánea que caracteriza las Lambic. 
Así que, como muestra de agradecimiento, tomé una cita clásica de Benjamín Franklin y comencé a “fabricar” el ejercicio. Por ellos va este trabajo.
Primero hice algunas prácticas para ver cómo quedaba la distribución del texto en inglés y castellano y, a continuación una primera prueba, para posteriormente elegir la gama de colores y la tipografía. En los colores decidí que combinaría un verde vivo y un amarillo ligeramente tostado, como la evolución cromática de los cereales desde la primavera al verano. Las tipografías serían una uncial para el texto en inglés y una gótica bastardilla para el castellano, combinando también los mismos colores que en la orla y las capitulares.
Luego vinieron bocetos y ensayos para los motivos de la orla —espigas de cebada, avena y trigo y hojas y fruto del lúpulo— y las capitulares B y L, que realicé como falsas cadel, ya que mi trazo deja todavía mucho que desear. En cuanto a las espigas, si bien al principio trabajé con ramos de dos, posteriormente lo limité a una, para no sobrecargar la orla.

Para finalizar, acabé de decorar con puntos y líneas blancas. Por cierto, el papel utilizado es un Caligrafie de 130 gr. y 24 x 30 cm. de la Schut Papier, que compré en Amberes hará ya unos veinte años y del que todavía me queda alguna hoja. 

Y este es el resultado final. Se queda en regular, lo reconozco, pero me entretuvo y me permitió pasar muy buenos ratos, que era lo que pretendía. Quiero pensar que mejoraré.

Y, ya que lo he citado, añado un par de anotaciones finales sobre la relación entre cerveza y cultura.
1. Josef H. Reichholf, biólogo y catedrático de la Universidad Técnica de Munich defiende una idea curiosa en un texto titulado La invención de la agricultura: por qué el hombres se hizo sedentario (Ed. Crítica, 2009): Que lo que motivó la aparición de la agricultura no fue el deseo de conseguir alimento, sino cerveza. Según este investigador, durante gran parte del Neolítico se siguió cazando, ya que la agricultura era demasiado pobre para alimentar a la población y el cultivo de grano comenzó a realizarse con el fin de fermentarlo y conseguir cerveza. Vaya, que a todo lo que nos habían contado sobre nuestros antepasados le faltaba un matiz importante.
2. George Will (premio Pulitzer) subraya en un artículo titulado La selección por la cerveza  (puede consultarse en: http://www.libertaddigital.com/opinion/george-will/la-seleccion-por-la-cerveza-44522/) que sin cerveza posiblemente no existiría nuestra civilización. Primero, porque durante siglos las bebidas alcohólicas fueron un buen sustituto del agua potable, más escasa de lo que se cree en las aglomeraciones urbanas —los asentamientos masivos contaminaban los pozos, lo que provocaba epidemias como la disentería o el cólera, que diezmaban las poblaciones— y no digamos en los largos viajes por mar. La cerveza calma la sed, aporta nutrientes y tiene cualidades antibacterianas. Pero su idea más curiosa es que esto contribuyó a la selección de la especie, ya que para digerir la cerveza se necesita un rasgo genético que no todo el mundo posee. Y que nosotros somos los descendientes de esos bebedores de cerveza.
Lo comparto por si alguien desea ampliar la información y meditar sobre estos temas.
Ferdinandus, d.s.

viernes, 13 de enero de 2012

Felicitación familiar de Navidad y Año Nuevo

Una aclaración. Para ir más rápido, en vez de escanear hice fotografías, con lo cual los tonos no son muy fieles a la realidad. La imagen final, esta sí escaneada, refleja mejor el original, aunque el dorado que bordea la A capitular, obviamente, aparece de un color que nada tiene que ver con la realidad.
Trabajé sobre un papel apergaminado, que me planteó algún problema con la caligrafía, aunque no con la iluminación y, para escribir en sepia, usé una disolución de nogalina. El resto son colores de gouache menos el dorado, que está realizado con tinta Brillant Flüssigbronzen de la casa HobbyLine.
El texto que escribí fue: 
A los que tenemos cerca y a los que moráis lejos.
A los que hemos abrazado y a los que esperáis 
un abrazo. A los que, sin razón, os creéis olvidados. 
Y a todos con los que compartimos, ayer vivencias y hoy 
recuerdos: Feliz Navidad y Próspero 2012
La decoración la realicé a partir de hojas y frutos de acebo, muy en línea con el tema navideño.

Primero diseñé las ramas de acebo en ambos sentidos y luego, siguiendo la misma pauta, la A capitular basada en una mayúscula uncial.
Después de hacer ensayos y estructurar el espacio pasé a escribir el texto y a poner en limpio la A capitular. Posteriormente, y con paciencia, la ilustración de entre líneas.

Luego ribeteé con plumilla y gouaches verde y rojo las hojas y los frutos del acebo y, más tarde, escribí las iniciales con diferentes colores.


Me pareció que las letras quedaban un poco “sosas”, así que decidí “adornarlas” con unos pequeños trazos blancos y un fino ribete negro a la izquierda.



Luego fui iluminando la A, primero con un fondo azul y, posteriormente, rellenando con verde y rojo las ramas de acebo.
Finalmente, con blanco, fui marcando los brillos de los frutos y los nervios de las hojas. Para terminar, con la tinta dorada y a plumilla, acabé con la tinta dorada la A capitular y doré así mismo, con ligeros trazos, las otras letras mayúsculas.