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lunes, 18 de marzo de 2013

Maldito Titivillus. Sepher Yetzirá 3


Normalmente no repito un diseño, pero esta vez me dije que merecía la pena. Quería experimentar con algunas cosas y, mientras dibujaba el primero, ya tenía en mente hacer una copia para mi hermano Pablo. Así que, uniendo ese proyecto a mis ganas de enredar con una encuadernación sencilla  como presentación, empecé con éste. En principio era cosa de unos días, pero las incesantes complicaciones lo han ido retrasando hasta hoy.


Titivillus; no en vano le dediqué este blog a este diablo patrón de los calígrafos. 
A veces soy un poco descuidado, así que no es raro que cometa algún error. Pero este es el trabajo más caótico que he realizado en mucho tiempo: lo he repetido estando ya avanzado en varias ocasiones; luego utilicé un papel en el que, cuando me puse a caligrafiar, se corría la tinta; me han caído borrones y, ya al final de todo, me he equivocado en el texto de la entrada y he tenido que recurrir a uno de los artilugios de los antiguos copistas: añadir las dos letras que me faltaban sobre la palabra mal escrita. Es como si Titivillus no se hubiera apartado de mí un sólo instante desde que comencé.



De la encuadernación prefiero no hablar; en plan positivo diré que he aprendido mucho, ya que cosas que me parecían obvias no lo eran tanto.

Pero una caligrafía es como un ser querido: hay que aceptarlo como es, no como nos gustaría que fuera. 

Por cierto, para la P mayúscula me he inspirado en la inicial que aparece en una de las hermosas páginas con las que a menudo nos deleitan los amigos de e-codices. 

He trabajado con plumillas pero para las minúsculas de Paolo he utilizado una Pilot Parallel Pen de 6 mm. recargada con acuarela líquida negra diluida. Para una parte del texto he utilizado acuarela en tubo en vez de tinta, y he de repetirlo.
Ferdinandus, d.s.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Caligrafía mística: Sepher Yetzirá. 2


Soy incapaz de centrarme en una sola cosa —dicen que es importante para ser productivo, pero yo no puedo— y la prueba es este trabajo: empecé a realizar los primeros bocetos en agosto y lo he ido alternado con infinidad de cosas, esperando el momento en que he sentido que debía finalizarlo. 
Siendo el que cierra el año (oficial) no podía ser otra cosa que un árbol.

Diez Sephiroth de la nada y veintidós 
letras de fundamento: tres Madres 
Alef, Mem, Shin
siete Dobles 
Bet, Gimel, dálet, Caf, Pe, Resh, Tav
y doce Elementales 
He, Vav, Zain, Jet, Tet, Yod, lamed, Nun, Sámej, Aín, Tsade, Cuf


Ha empezado el nuevo año (astronómico, con el solsticio de invierno); y he elegido la kábala porque pone el acento en la relación del hombre con las letras, con su significado y con su forma. 

Y propone que es un camino adecuado para trascenderse.
Ferdinandus, d.s.
P.S. Como puede observarse, la tinta dorada y la acuarela roja no las he aplicado directamente sobre el papel, sino sobre una base. El papel me ha sorprendido de formas muy diferentes; es un papel fabricado a mano en el Molí Paperer de Capellades y, a pesar del poco gramage, ha aguantado muy bien la acuarela; en cambio, la superficie ha sido un incordio a la hora de trabajar con plumilla. La próxima vez que suba a ver el Museo —recomendado— preguntaré, ya que el error fue mío, al comprar papeles por su apariencia en vez de por la utilidad que quería darles.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Caligrafía mística: Sepher Yetzirá. 1


Por treinta y dos caminos misteriosos de sabiduría, Dios (...) ha trazado y creado su mundo, bajo tres formas, en la escritura, en el número y la palabra. Son diez números principales y veintidós letras fundamentales, de las cuales tres son principales, siete dobles y doce simples.
               Sefer Yetsirá, I, 1
En mi juventud me interesaron los fundamentos filosóficos de la kábala. Una afición compartida con uno de mis hermanos, que ahora me ha ayudado buscando el texto en hebreo. 
Iba encontrando rastros en lugares tan distantes como la obra de Borges, una novela de Meyrink que hace alusiones a la criatura que creara el rabino Loew de Praga o en la iconografía de los arcanos mayores de algún curioso Tarot de Marsella.
La base es sencilla y se desarrolló, sobre todo, en el medievo del sur de Europa  con textos tan importantes como el Sefer ha-Zohar (Libro del Esplendor, atribuido a Simón bar Jochai, un rabino del siglo II y en el que aparece una frase que ya caligrafié), o el citado Sefer Yetsirá (Libro de la Creación).

Según la filosofía cabalística, Dios habría creado dos mundos: uno formado por aquello que percibimos; el otro, por diez números y veintidós letras que, constantemente combinadas, explicarían y podrían modificar ese mundo material. Cada letra y número tendrían sus correspondencias en los elementos básico, las partes del cuerpo, los signos astrológicos, los días de la semana, los puntos cardinales 

De esta forma, dominar la palabra sería dominar el mundo, incluyendo los riesgos que eso comporta, tal y como relata la leyenda del Gólem. 

En este diseño he jugado combinando el círculo y el cuadrado con los números 3, 7 y 12 (parte del árbol y letras) y el 6. 
Ferdinandus, d.s.