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lunes, 4 de mayo de 2026

Árbol de la Vida. Sefer Yetzirah

 Hacía tiempo que me apetecía trabajar en un nuevo Árbol de la Vida, así que, aprovechando una petición para un regalo de agradecimiento de mi esposa, me he decidido a realizar uno. Con la idea de repetirlo con algunas variaciones más adelante, por cierto.

Por razones que ahora no vienen al caso, la reflexión ha girado en torno de la Muerte y la Resurrección. En su sentido metafórico, por supuesto: las etapas del crecimiento, los cambios de ciclo, esas cosas.

La frase elegida pertenece al Sefer Yetzirah y dos de las posibles traducciones serían: « El principio está arraigado en el final, y el final está arraigado en el principio» o bien «En su principio se incrusta el final, y en su final su principio».

Para «visualizar» estas palabras he diseñado este árbol, prestando atención a los siguientes elementos:

Como especie, elegí el granado. Un árbol con connotaciones religiosas y místicas en todo el Mediterráneo, relacionado, sobre todo, con los mitos de esas Muerte y Resurrección a las que antes aludía, igual que sucede con el número 13 (la tricaidecafobia no es más que una superstición extendida).

Los diferentes elementos que lo componen los he basado en la gematría y los números elegidos han sido de forma predominante el 3, algunos de sus múltiplos y luego el citado13, el 7 y el 2. 

Por ejemplo, la copa del árbol está diseñada a partir de 2 círculos concéntricos y 7 círculos interiores. 

El árbol da 12 frutos divididos en 2 círculos por su tamaño y posición pero hay una decimotercera granada, esa vez ya abierta, a los pies del árbol. En ella pueden observarse 12 granos divididos en dos hileras.



Las hojas se agrupan en elementos de 12 —3 grandes, 3 medianas y 6 pequeñas en cada uno— pero, esta vez, dichos elementos son 7, porque hay uno central. Las grandes están unidas por el peciolo y separadas en dos partes por el nervio central hasta el ápice; las medianas, sólo hasta la mitad; las pequeñas no tienen separación media. 



Este árbol, sin principio ni fin, forma un huevo gracias a una única raíz dividida, primero en dos y luego en tres que, trenzadas, formarán el tronco. Cuando éste llega a la copa, sólo dos de ellas serán visibles, quedando la tercera oculta por la hoja media del elemento más bajo.

El huevo está flotando un cielo exterior. 

 


Volvamos a la frase: la filacteria en la que se inscribe, que también rodea internamente el árbol, es el único elemento gráfico —la Palabra, el Verbo— que se permite escapar al «exterior» por ambos lados antes de regresar al huevo que la contiene. 



Comienza detrás de la granada abierta del suelo y finaliza al otro lado, con uno de sus extremos utilizando un hueco del tronco trenzado para intentar pasar al otro lado, aunque sin lograrlo del todo. Marca la dirección de la frase, ya que el hebreo se escribe, y se lee, de derecha a izquierda. 

Sobre los muchos posibles significados prefiero no contar nada, salvo que, como hago mientras duran estos trabajos, suelo entretenerme encontrando historias y sonriendo frente a coincidencias que suelen encajar. Es una de mis variantes terapéuticas para estos ejercicios y una forma de goce muy personal.

Así que, si ha llegado hasta él, puede interpretarlo como prefiera —y le recomiendo que aproveche su intuición más que los conocimientos que pueda tener sobre simbología— o disfrutarlo, si es que le gusta, simplemente mirándolo. Eso ya es cosa suya.


Ferdinandus, d.s. Finalizado bajo el cuarto menguante del segundo decanato del signo de Tauro del Año del Señor de 2026.


P.S. A nivel técnico, realizado sobre un papel de acuarela de 270 gr. AQUARI PAPER, de Sastres Paperers de 20 x 20 cm. fabricado a mano con un 70% de algodón y un 30% de lino. 

Técnica mixta: acuarela, gouache y rotulador.


sábado, 2 de noviembre de 2019

Un árbol con siete frutos

Sefer Yetzirah. Capítulo Cuarto. Sección decimoquinta 
Siete dobles, begat cafrat.
Porque en ellas están establecidos siete Mundos, siete Firmamentos, siete Tierras, siete Mares, siete Ríos, 
siete Desiertos, siete Semanas, siete Años, siete Remisiones 
y siete Jubileos.
Por eso prefirió los intervalos de siete bajo todos los Cielos.






Uno de los números que destacan en el universo cabalístico es el siete: los días de las semana el mes lunar tiene cuatro semanas, el periodo de la mujer—, el número de brazos que tiene la menorah, el candelabro hebreo. Como el árbol de mi dibujo, que tiene siete ramas que se le asemejan y que da siete frutos. 
Aparte de las siete letras dobles, hay otros dos números siete que fueron los que me motivaron a hacer esta caligrafía y sobre los que reflexionaba mientras trabajaba: los años de Remisión y los de Restitución.
Entre los antiguos hebreos, cada siete años se celebraba un año de Remisión, o Sabático, en el que debían perdonar las deudas a sus prójimos —quizá el sentido del Padre Nuestro “perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” no sea metafórico, sino literal; recordemos que la figura de Jesús se asocia al movimiento esenio, cuyos miembros habían llegado a practicar una suerte de comunismo primitivo—, y luego, tras siete veces siete, el quincuagésimo año, tenían el año de la Restitución o Jubileo, en el que el perdón de las deudas, la liberación de esclavos y otros pormenores no sólo afectaba a los miembros de la comunidad judía, sino también a los extranjeros que convivían con ellos.
Está escrito en Deuteronomio 15 (edición Reina-Valera 1960)

15  Cada siete años harás remisión.
2 Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová. (…)
12 Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre.
13 Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías.
14 Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido.

Y en Levítico, 25
8 Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. (…)
10 Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
11 El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos.

Esta práctica —me temo que en desuso— tenía una importancia significativa en aquella sociedad. Señala al respecto una nota a pie de página de la traducción del Sefer Yetzirah: “La consecuencias de la ley no eran tan sólo de orden económico, impidiendo la pobreza o riqueza excesivas, sino que contribuía a la paz, relajando las tensiones sociales. Pero quizá lo más importante sea su significado y efectos sobre la preocupación y vida individual cotidiana del judío. No había que apurarse demasiado si la desgracia se cernía sobre uno, ni tampoco uno se podía sentir tentado ni estimulado a acumular. Lo efímero y transitorio de los bienes materiales era algo que debía calar en el sentir del pueblo y favorecer la entrega de sus vidas a Dios”.


Y ahora mi reflexión de hoy: Nada nos pertenece; todo lo que creemos poseer, y no sólo los bienes materiales sino también la familia, los amigos, la juventud, la salud y hasta la propia vida, no es más que algo efímero que un día —más cercano, más lejano— dejará de ser nuestro. 
Toca reivindicar, pues, la existencia considerada como lo que es: un conjunto de préstamos; y que nosotros, como deudores o acreedores, deberíamos gestionarlos, en cada caso, con moderación, justicia y generosidad, luchando con ahínco contra la absurda ilusión de que hay algo que realmente nos pertenece, porque todo lo disponemos sólo en depósito. 
Disfrutad de lo que tenéis o creéis tener: tiene fecha de caducidad. Y, aunque seáis jóvenes, creedme, nunca está demasiado lejana.
Ferdinandus d.s. Finalizado bajo el tercer decanato de Libra, el vigésimo tercer día del mes de octubre del Anno Dominice Incarnatinonis MMXIX.

P.S. Pienso que, si no fuera porque sería mezclar demasiado tradiciones y costumbres, éste sería un buen tema para la felicitación familiar de esta próxima Navidad. Pero buscaremos otra cosa.