miércoles, 23 de octubre de 2019

Dos consideraciones sobre el orden

A nivel de texto
Serva ordinem et orto servabit te. Guarda el orden y el orden te guardará.
El Orden es un tema fascinante sobre todo para quien, como yo, tiende irrefrenablemente al caos: desde el nivel social, político o laboral al simple desempeño de las labores cotidianas parece, de un lado, imprescindible mientras que, de otro, entiendo que puede ser agobiante. 
A nivel intelectual, el Orden tampoco es tan unitario como parece: hay quien distingue entre el Orden Estático y el Orden Dinámico —esa diferencia entre quien se obsesiona por que cada cosa esté “en su sitio” y quien trabaja mejor en medio de un aparente caos que no le impide saber dónde tiene, en cada momento, lo que necesita—. Y luego está el Orden Personal, porque ¿quién define cuál es “el sitio” correcto para cada cosa?
Así que la frase, resumiendo una filosofía que me parece muy defendible, me parecía demasiado rígida. Entonces, esa parte íntima de mí que tiende al desorden se rebeló y recordé otra frase, complementaria, y que me ha servido de muletilla y estímulo desde hace tiempo: La tristeza es la ausencia total de desorden.
Por cierto, he escrito esta frase es tal y como yo la recordaba pero, buscando entre mis notas —en algunas cosas no soy tan desordenado— encontré la original, que es más interesante: “El origen de la tristeza es la falta absoluta de desorden”; el autor es Antonio Dyaz y aparece en un articulo titulado “Las virtudes del desorden”, cuya lectura recomiendo. No la cambié porque la caligrafía ya estaba a medias. 
En cuanto a la imagen
Empecemos reconociendo las inspiraciones: la “L” es una variante —de hecho, acabó pareciéndose poco, pero he de reconocer el origen— de una inicial un tanto caótica, pero hermosa, que encontré en un manuscrito precioso de la Biblioteca de la Universidad de Basel (Basel, Universitätsbibliothek, AN II 3 f. 85r); la orla inferior, a su vez, es una variación —bastante mediocre, por cierto— de la que realizara esa magnífica artista que es Olga Lavka Titivillusa para adornar el acabado del rabo de un “d” en un texto (no tengo más referencias, lo siento). 
El proceso:
No sé cuantos bocetos he hecho de la bendita “S”. Alguno lo he utilizado para un trabajo familiar; los demás los he guardado como recuerdo de hasta dónde pueden llevar las dudas.




La inicial también ha sufrido variaciones, incluso de color, aunque aquí no las consigne. Una de ellas me pareció desequilibrada.


Otra la utilicé para hacer el trabajo, pero tampoco acabó de gustarme y además presentó dos problemas, por lo que lo dejé sin finalizar:
  1. En la parte inferior coloqué un árbol que descompensaba todo, tanto formal como cromáticamente, y
  2. Dejé para el final añadir el dorado, la masilla para dar relieve al rojo tardó en secar más de lo previsto y ensucié la inicial al apoyar el pan de oro. Maldito desorden.

El árbol, por cierto, tras diversas modificaciones en el boceto original, me esta sirviendo para otro quehacer con una temática absolutamente diferente. Pero de eso ya hablaremos.


P.S. Por cierto, el ligero relieve que incluso añado a algunas letras, lo consigo con la pasta de relieve de La Pajarita —la versión satinada— pero nada más me ha funcionado bien con la tinta roja Calligraphy Ink de Winsor & Newton.


Ferdinandus d.s. Finalizado bajo el tercer decanato de Libra, el vigésimo día del mes de octubre del Anno Dominice Incarnatinonis MMXIX.

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