sábado, 17 de diciembre de 2016

Felicitación familiar de Navidad. 2016

Era opinión de los aristotélicos que la Naturaleza aborrecía el vacío y, en la historia del arte, es fácil encontrar etapas en que diferentes oficiantes se empeñaron en rellenar cada hueco de sus obras, fueran éstas pinturas, manuscritos, decoraciones de muebles o el resultado de cualquier otra actividad artística. A esta afición se la ha relacionado, a lo largo de los siglos, con el Horror vacui
Hay, creo yo, cierta perversión en esta acción de rellenarlo todo. Una especie de caída a ese vacío que genera horror, una atracción hacia no sé qué abismos interiores mediante un acto que intenta externalizarlos. Es un miedo que he vivido a veces y que, en esta felicitación, me he lanzado a él de lleno. 
Dejando aparte disquisiciones, la cosa ha sido más sencilla: no estaba quedado mal la cosa, pero primero empezó a molestarme el rojo inmaculado, así que “orlé” con blanco —cuando hice la fotografía aún me quedaban un par de detalles—. Luego la cosa fue a peor: me molestaba un poco ese blanco del interlineado, así que tomé el palillero, cargué la plumilla y, tras unos tensos momentos, me decidí. 

Y ya está. Una vez empezado ya no hubo vuelta atrás; así que dale que te pego hasta llenarlo todo con esa especie de volutas a las que soy tan aficionado. Quizás fue para calmar los nervios de una tarde o quizás por simple distracción, aunque mi excusa preferida es el recuerdo de aquella afirmación que caligrafié una vez: “Haz cada día algo que temas”. Lo temía y sí, lo hice.

A nivel de materiales y procedimientos lo habitual, con la salvedad de utilizar un papel de 30 x 30 cm. 
Esta vez, como ya dije, no ha habido frase para la reflexión al principio. La razón es que quería adjuntar un par de historias cortas que me parecieron significativas cuando las conocí, dados los tiempos que corren. 
Por supuesto, próximamente en este blog.

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Sagitario de 2016 A.D.

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