jueves, 2 de febrero de 2017

V de Violeta

Cada trabajo lleva su ritmo. El de éste ha sido largo y tranquilo. Está dedicado a una persona que ni es de la familia ni siquiera entra en el círculo de mis amistades, pero a la que, por azares de la vida, tengo mucho que agradecer. Espero dárselo algún día. 
Decidí hacer esta inicial a finales de julio, y los primeros días de agosto tenía mi primer boceto. La idea era realizarla en rojo brillante y añadir alguna flor. Pero no acababa de convencerme. 

A finales de ese mes había realizado una serie de variantes que, tras dejarlas reposar unos días, todavía me convencieron menos. 

Reposó durante meses, en una de las carpetas de “pendientes”, hasta que, a mediados de enero, decidí que ya había esperado suficiente y que era el momento de terminarla. Pero la nueva versión tampoco me llenaba, así que decidí olvidarme de modificaciones y empezar de nuevo.

Dos días después tenía el boceto definitivo, muy diferente a los anteriores y que, por fin, me parecía que podía decir aquello que quería transmitir. Y no con una flor, sino con las que hicieran faltas, todas ellas violetas, por supuesto.

Luego volvieron a surgir dudas pero, mientras realizaba otro trabajo, las fui solucionando.
El resultado final. 

Lo he realizado sobre pergamino, en un formato pequeño —16 x 11,5 cm. aproximadamente— y los colores, dado el soporte, han sido de gouache, excepto el blanco y el verde oscuro con el que he perfilado las volutas, que son tintas de Winsor  & Newton. Para el dorado he utilizado, por primera vez, una base de Instacoll de la casa Kolner, que, con pan de oro fino, da un brillo muy interesante sin necesidad de bruñirlo. Pero he de mejorar; no sabía que había que diluirlo un poco con agua destilada y el relieve dista todavía de ser todo lo homogéneo que yo deseo. 

Ferdinandus, d.s. bajo el signo de Acuario (¡ya! cómo pasa el tiempo!)

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